Por Juan Manuel Pérez Calderón
ES NECESARIO SOPLAR. Los migajones del borrador se mantenían suspensos en el
ambiente. A pesar de haber borrado el error, las
manchas y tachaduras de lo que ahí estuvo, seguían demarcadas, aplastadas; olvidando así, que el papel era blanco. El problema es
imaginar el nuevo escrito. El borrador se había gastado. Cuando se adquiere un
lápiz, te regalan un borrador nuevo. Algunos tienen la gracia de llamarlo “la
cabeza de borrador”, siendo esta la razón perdida. Me reí. El lápiz había
perdido la cabeza, ahora cualquier cosa que se plasmada en papel por este
lápiz, será considerada una locura.
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