miércoles, 23 de marzo de 2016

La Lapicera

Por Juan Manuel Pérez Calderón
   
   ES NECESARIO SOPLAR. Los migajones del borrador se mantenían suspensos en el ambiente. A pesar de haber borrado el error, las manchas y tachaduras de lo que ahí estuvo, seguían demarcadas, aplastadas; olvidando así, que el papel era blanco. El problema es imaginar el nuevo escrito. El borrador se había gastado. Cuando se adquiere un lápiz, te regalan un borrador nuevo. Algunos tienen la gracia de llamarlo “la cabeza de borrador”, siendo esta la razón perdida. Me reí. El lápiz había perdido la cabeza, ahora cualquier cosa que se plasmada en papel por este lápiz, será considerada una locura.

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